
Ayer, jueves 17, se llevó a cabo en nuestra Parroquia el envío misionero de Agustín a su nuevo destino como Consultor y Prefecto General de Apostolado. Esta comunidad, donde trabajó con entusiasmo en la Pastoral bíblica, se esmeró por hacerle sentir todo el afecto que supo granjearse durante su estadía de 1999 al 2003, a través de una eucaristía participada y sentida y un ágape fraterno con presencia de representantes de todos los grupos apostólicos y el equipo coordinador del Centro bíblico, al frente del cual está ahora el profesor Albeiro Arroyave.
El hilo conductor de la celebración fue el texto de la autobiografía en el que el P. Claret narra su propósito y las vicisitudes de su viaje a Roma para presentarse a la Santa Sede como misionero apostólico. Siguiendo la analogía claretiana, se hizo en el ofertorio el ofrecimiento del bordón y el pañuelo para el equipaje mínimo del predicador andariego.
Al final de la celebración, un pareja de la comunidad le hizo entrega del hatillo, amarrado al bordón con la cinta engalanada con los colores de la bandera colombiana, “para que lleves donde quiera que vayas, el sabor y los valores de tu terruño, junto con la mística con que sabes desentrañar la Palabra”. Dentro del envoltorio apenas un objeto, impensable para el autor de la Autobiografía: un álbum de CDs con las mejores canciones interpretadas en el festival del Mono Núñez: “…porque la Biblia ya la llevas toda en el corazón y la música nuestra es hermenéutica de los más profundos sentimientos”.
Todo este simbolismo y el cariño que saben derrochar los habitantes de Colón por todos los claretianos, emocionaron a Agustín, que no vaciló en afirmar, que luego de sus estudios en Roma, “fue aquí donde nací verdaderamente a la Biblia… Me voy asustado por la inmensa responsabilidad que la Congregación deposita en mí, pero feliz de compartir en otras latitudes y culturas lo que con Ustedes fue estudio casero y profundo de la Palabra y confrontación de su mensaje con la realidad cotidiana”.
El viaje de Agustín a Cali concluyó con una cordial “frijolada” de zona, en la comunidad de Bretaña, durante la cual todos le agradecimos el servicio misionero de los últimos seis años y, de antemano, el que prestará a la claretianidad universal en los seis siguientes. |